Investigación Ejercicio 29 de septiembre de 2026
Xiao et al., J Electromyogr Kinesiol. (2026)

Fatiga central y periférica: Efectos en el rendimiento deportivo e implicaciones para la fisioterapia: parte 2: Intervención

intervención de la fatiga central y periférica

Esta segunda parte de la reseña se centra en las consideraciones clínicas y prácticas de la fatiga central y periférica, haciendo hincapié en cómo se puede evaluar y gestionar la fatiga en el deporte

Las medidas de laboratorio pueden aportar información mecanicista, mientras que evaluaciones prácticas como el CMJ, el rendimiento en esprints, la MVIC, la RPE y las medidas de bienestar proporcionan sobre todo información indirecta y deben interpretarse conjuntamente

Las líneas de base individuales, las tendencias longitudinales y el análisis de tareas específicas del deporte pueden ayudar a identificar cambios significativos en el rendimiento y la tolerancia a la carga, y a orientar las decisiones de entrenamiento y recuperación

Introducción

Como se comentó en la Parte 1 de esta revisión, la fatiga se refiere a una capacidad reducida para generar fuerza y potencia y mantener un control motor adecuado a medida que avanza la actividad física. Esto puede aumentar el riesgo de lesión, especialmente durante el ejercicio prolongado o exigente. Por tanto, controlar la fatiga podría ayudar a los/las clínicos a identificar a los deportistas con un mayor riesgo y a orientar estrategias para prevenir lesiones relacionadas con la fatiga.

La fatiga central y la periférica son mecanismos interrelacionados que se producen, respectivamente, a nivel supraspinal y muscular, y están influidas por procesos metabólicos. La fatiga también se ve moldeada por múltiples factores, como el contexto del ejercicio, la modalidad de contracción, las demandas cognitivas y las condiciones ambientales. Para tener en cuenta estas demandas interrelacionadas, anteriormente propusimos el análisis de la tarea como marco para identificar los requisitos físicos de tareas deportivas específicas y la posible contribución de distintos mecanismos de fatiga. Este enfoque global puede ayudar a los clínicos a definir mejor las demandas específicas del deporte y a orientar una evaluación e intervención específicas.

Esta segunda parte de la revisión se centra en métodos prácticos de evaluación para monitorizar la fatiga en fisioterapia deportiva, con el objetivo de apoyar la toma de decisiones clínicas e informar intervenciones adecuadas.

 

Métodos

El artículo revisado es una revisión narrativa.

 

Resultados

 

Medición de la fatiga periférica y central

Mediciones de la capacidad contráctil

La fatiga periférica suele evaluarse mediante respuestas contráctiles provocadas de forma independiente del control voluntario del impulso nervioso. En la práctica, se aplica una estimulación eléctrica supramáxima a un nervio motor para activar las unidades motoras y provocar una contracción (twitch) evocada. Al comparar la fuerza de la contracción evocada antes y después del ejercicio, se obtiene una estimación de los cambios en la función contráctil del músculo y, por tanto, de la magnitud de la fatiga periférica.

Sin embargo, las evaluaciones basadas en la estimulación son incómodas, técnicamente exigentes y requieren equipo y experiencia específicos. Por tanto, aunque su valor como medidas experimentales es innegable, tienen una aplicabilidad limitada para la evaluación rutinaria o en el campo.

Mediciones neuromusculares basadas en sEMG

La electromiografía de superficie (sEMG) proporciona información no invasiva sobre la actividad eléctrica muscular y los cambios relacionados con la fatiga. Registra los potenciales eléctricos generados por las fibras musculares activas, a partir de los cuales se pueden derivar variables como la frecuencia mediana y la frecuencia media, la velocidad de conducción de las fibras musculares y las características de la onda M. Sin embargo, las señales de sEMG están influenciadas tanto por las propiedades periféricas del músculo como por factores neurales, lo que hace que su interpretación en términos de mecanismos de fatiga sea compleja.

A medida que aparece la fatiga, las reducciones en las frecuencias mediana y media pueden reflejar, en parte, disminuciones en la velocidad de conducción de la fibra muscular, lo que aporta evidencia indirecta de la fatiga periférica. Durante contracciones mantenidas, la actividad de EMGs (sEMG) conservada o incluso aumentada, pese a una reducción del rendimiento de fuerza, también puede ser compatible con la fatiga periférica, ya que puede ser necesario un mayor impulso neural para compensar la caída de la capacidad contráctil. Sin embargo, los cambios en el reclutamiento de unidades motoras, en la tasa de descarga y en la sincronización también pueden afectar a la señal de la sEMG. Por lo tanto, solo la sEMG no puede distinguir de forma fiable entre la fatiga central y la periférica.

La electromiografía de superficie de alta densidad (HD-sEMG), combinada con técnicas de descomposición, proporciona información más detallada sobre el comportamiento de las unidades motoras, incluyendo la tasa de descarga, los umbrales de reclutamiento y desreclutamiento, la variabilidad de la descarga y la entrada sináptica común. Estas medidas pueden aportar una perspectiva adicional sobre las adaptaciones neuromusculares durante la fatiga. Sin embargo, no identifican directamente la fuente de la fatiga, ya que los cambios en el comportamiento de las unidades motoras pueden reflejar estrategias motoras compensatorias o dependientes de la tarea, en lugar de la fatiga central por sí sola.

Por tanto, las mediciones basadas en EMG se interpretan mejor junto con evaluaciones complementarias. Combinar sEMG o HD-sEMG con respuestas de contracción inducida, medidas de activación voluntaria y resultados basados en el rendimiento puede ofrecer una caracterización más completa de los mecanismos que contribuyen a la fatiga.

Supervisión y evaluación de atletas

Aunque las técnicas de laboratorio aportan información detallada sobre los mecanismos subyacentes de la fatiga, su aplicación práctica en contextos deportivos es limitada. Técnicas como la TMS, los protocolos de activación voluntaria, la fNIRS y las pruebas de contracción evocada requieren equipos especializados, experiencia técnica y condiciones de evaluación controladas, lo que dificulta su implementación de forma rutinaria en el campo. Incluso cuando los sistemas de EMG o HD-sEMG son portátiles, la adquisición y la interpretación de los datos pueden seguir siendo bastante exigentes para el seguimiento habitual de los atletas.

En cambio, las calificaciones de esfuerzo percibido (RPE), los cuestionarios de bienestar, la variabilidad de la frecuencia cardiaca (VFC), el salto con contramovimiento (CMJ), el rendimiento en sprints y las tareas breves de tiempo de reacción son más accesibles y pueden aplicarse de forma repetida en contextos deportivos. Sin embargo, la mayoría de estas mediciones aportan información indirecta sobre la fatiga y resultan más útiles cuando se interpretan de forma longitudinal en comparación con la línea base de cada persona.

El RPE es uno de los enfoques más utilizados para monitorizar la fatiga y la carga de entrenamiento, y se ha asociado a respuestas fisiológicas como la frecuencia cardiaca, el lactato en sangre y otros marcadores del estrés del ejercicio. Los cuestionarios de bienestar también se usan con frecuencia en entornos de rendimiento para monitorizar factores como la calidad del sueño, el estrés percibido y la molestia o dolor muscular. Sin embargo, ambos enfoques son sensibles a la variabilidad en las respuestas y a influencias psicosociales o del contexto, mientras que el seguimiento basado en cuestionarios también puede verse afectado por la falta de consistencia en el cumplimiento.

Por lo tanto, estas mediciones no deben interpretarse de forma aislada. Su valor principal puede residir en detectar desviaciones respecto a la línea basal individual del deportista, en lugar de apoyarse en umbrales universales. Los cambios bruscos o persistentes en varios ámbitos de monitorización pueden indicar la necesidad de una evaluación adicional. Aun así, el valor predictivo de los cuestionarios sobre el bienestar para el rendimiento posterior o el riesgo de lesión sigue siendo incierto. Por eso, combinar medidas subjetivas con medidas objetivas de rendimiento y parámetros fisiológicos puede aportar una forma más sólida para monitorizar la fatiga.

De: Xiao et al., J Electromyogr Kinesiol. (2026)

De: Xiao et al., J Electromyogr Kinesiol. (2026)

Pruebas neuromusculares y de rendimiento

La contracción isométrica voluntaria máxima (CIVM) cuantifica la fuerza voluntaria máxima y, cuando se registra la fuerza a lo largo del tiempo, también puede usarse para evaluar la tasa de desarrollo de la fuerza. La activación voluntaria puede aportar información adicional sobre la fatiga central, aunque su evaluación requiere técnicas de prueba avanzadas. Las tiradas isométricas a media pierna pueden ofrecer una representación práctica de la fatiga neuromuscular de los miembros inferiores.

El salto con contramovimiento (CMJ) es una prueba fácil de usar en contextos de rendimiento. La evidencia previa sugiere que la altura media del CMJ puede ser más sensible a la fatiga que la altura del salto máximo. Las pruebas de sprint también pueden aportar información útil, aunque una reducción del tiempo de sprint por sí sola puede no ser suficiente para monitorizar la fatiga. Los cambios en la mecánica del sprint también se han asociado con la fatiga neuromuscular y, por tanto, podrían aportar información adicional.

Tanto el CMJ como el rendimiento en esprint pueden verse influenciados por numerosos factores. Por eso, la consistencia del procedimiento de evaluación es clave. Los clínicos deberían estandarizar los procedimientos de calentamiento, las instrucciones, las condiciones de la prueba y el estímulo verbal. Las variaciones en el CMJ o en el rendimiento de esprint pueden reflejar variabilidad de la prueba más que cambios reales en la fatiga. Por tanto, las caídas del rendimiento deberían interpretarse en el contexto de la variabilidad normal de cada prueba.

Las pruebas de fatiga deben seleccionarse según las demandas específicas del deporte del atleta. Por ejemplo, las pruebas de sprint y de cambios de dirección pueden reflejar mejor las exigencias físicas del fútbol, mientras que las evaluaciones de CMJ y los movimientos laterales pueden ser más relevantes para el baloncesto. Como se explicó en la Parte 1 de esta revisión, el análisis de la tarea puede ayudar a identificar las demandas físicas y neuromusculares concretas de un deporte determinado y orientar la selección de pruebas adecuadas.

Los profesionales clínicos deberían combinar los indicadores de rendimiento con una interpretación basada en tendencias. Cuando sea posible, las evaluaciones complementarias fisiológicas y bioquímicas pueden aportar información adicional sobre los mecanismos que contribuyen a la fatiga.

Variabilidad de la frecuencia cardiaca (HRV)

La VFC es un indicador indirecto del estrés del sistema nervioso autónomo que puede aportar información contextual sobre la fatiga neuromuscular. Puede verse influida por la calidad del sueño, la carga de entrenamiento acumulada y otros factores que afectan a la capacidad del atleta para rendir durante la carga neuromuscular posterior. Por tanto, la VFC puede ser útil al interpretar el rendimiento en pruebas de CMJ, sprints o sprints repetidos, pero no puede determinar si su origen se debe principalmente a mecanismos centrales o periféricos de fatiga. Además, investigaciones previas han mostrado relaciones poco consistentes entre la VFC y marcadores psicofisiológicos de la fatiga, incluida la aparición de agujetas, el estrés, el estado de ánimo, la calidad del sueño y el cortisol en contextos de entrenamiento.

El VFC puede ser especialmente relevante para monitorizar entrenamientos basados en resistencia y debería evaluarse de forma longitudinal en cada persona. Su relevancia puede ser más limitada en poblaciones orientadas a fuerza o en deportes mixtos. Además, el sueño, la hidratación, el estrés psicológico y las condiciones de medición pueden afectar de forma sustancial a la VFC, lo que limita su interpretación si se considera de manera aislada.

A nivel clínico, por lo tanto, la VFC no debería utilizarse como una medida aislada. Se interpreta mejor junto con la frecuencia cardiaca en reposo, los cambios en el rendimiento neuromuscular, la percepción del esfuerzo, el dolor muscular y otros indicadores longitudinales de la recuperación.

Biomarcadores en sangre

La creatina quinasa (CK) es un biomarcador muy estudiado para monitorizar el estrés muscular inducido por el ejercicio, pero tiene limitaciones importantes. Las respuestas de la CK dependen en gran medida del tipo de ejercicio, la masa muscular, el estado de entrenamiento y las características individuales. Las respuestas de CK y de cortisol también pueden variar bastante entre personas, incluso en función del sexo y otros factores biológicos. Las intervenciones nutricionales, como la suplementación con aminoácidos de cadena ramificada (BCAA), también pueden reducir aún más las respuestas agudas de CK, lo que pone de manifiesto la influencia de los factores contextuales sobre este marcador. Por lo tanto, lo ideal es interpretar la CK usando rangos de referencia individualizados en lugar de umbrales universales. Aun así, los aumentos mantenidos o progresivos respecto al valor basal individual del atleta pueden requerir una atención adicional.

Los procesos inflamatorios también se pueden investigar mediante las concentraciones circulantes de citoquinas. La interleuquina-6 (IL-6), la proteína C reactiva (PCR) y el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) pueden aportar información sobre adaptaciones al entrenamiento a más largo plazo, y el entrenamiento crónico puede reducir los valores basales de los marcadores inflamatorios. Eso sí, estos biomarcadores tienen una relevancia práctica limitada para el seguimiento de la fatiga a corto plazo.

 

Implicaciones para la formación y la recuperación

La fatiga relacionada con el deporte es multidimensional, por lo que la evaluación debe tener en cuenta factores psicológicos, las características musculares, el historial de entrenamiento y la carga de trabajo reciente del atleta. Las medidas subjetivas y objetivas deben combinarse, y las evaluaciones longitudinales deben compararse con los valores de referencia individuales. Los distintos marcadores deben interpretarse conjuntamente, en lugar de forma independiente.

En la siguiente sección se analizan las distintas estrategias disponibles para favorecer la recuperación de la fatiga. La tabla 3 resume las modalidades de recuperación según sus respectivos ámbitos, con tamaños del efecto que van de 0,2 (pequeño), 0,5 (moderado) a 0,8 o más (grande). Dado que estos tamaños del efecto se obtuvieron a partir de estudios en los que se incluyeron poblaciones distintas, con protocolos diferentes y condiciones comparadoras diferentes, los autores priorizaron y destacaron de forma explícita en la tabla 3 la consistencia de la evidencia, su relevancia mecanística para la fatiga neuromuscular y la viabilidad práctica, en lugar de basarse únicamente en el tamaño del efecto.

De: Xiao et al., J Electromyogr Kinesiol. (2026)

La gestión de la carga es uno de los principios clave para gestionar la fatiga. Las sesiones de intervalos de alta intensidad, especialmente en deportes de equipo, pueden provocar una fatiga periférica considerable, mientras que el entrenamiento de fuerza puede favorecer adaptaciones neurológicas y musculares. Por lo tanto, la recuperación debe planificarse en función de las exigencias del entrenamiento previo, con periodos de recuperación suficientes entre sesiones neuromusculares exigentes. El RPE de sesión multiplicado por la duración del entrenamiento ofrece una estimación práctica de la carga interna de entrenamiento y refleja la respuesta del deportista a la carga impuesta.

Los patrones de rendimiento y las respuestas subjetivas pueden aportar información adicional al clínico. Las reducciones del rendimiento neuromuscular, como la disminución del rendimiento del CMJ o del MVC, combinadas con un aumento de la percepción del esfuerzo o del dolor muscular, pueden respaldar reducciones temporales de la intensidad del entrenamiento o la introducción de una recuperación adicional. Una reducción de aproximadamente el 5–10% respecto al valor basal de cada persona, especialmente cuando va acompañada de más dolor o de una fatiga percibida, puede justificar reducir el entrenamiento de alta intensidad durante 24–48 horas; aun así, los umbrales deben individualizarse y no aplicarse de forma universal. La elevación de la frecuencia cardiaca en reposo y la reducción de la HRV pueden indicar una mayor carga autonómica y respaldar el uso de sesiones aeróbicas de menor intensidad o de recuperación. Por el contrario, una fatiga percibida alta, con un rendimiento neuromuscular preservado, podría sugerir una contribución mayor a nivel perceptivo o central. En este contexto, puede priorizarse la optimización del sueño, una nutrición adecuada y estrategias de recuperación psicológica.

 

Estrategias de entrenamiento dirigidas a las adaptaciones de la fatiga central y periférica

Entrenamiento de fuerza y morfología muscular

Un aumento del área transversal fisiológica del músculo (PCSA) puede mejorar la capacidad de generar fuerza y contribuir a una mayor resistencia a la fatiga. El entrenamiento de fuerza con cargas elevadas también puede favorecer adaptaciones neurales, como un mayor impulso neural y una mejor captación de las unidades motoras. El entrenamiento explosivo puede mejorar aún más la tasa de desarrollo de la fuerza.

El entrenamiento excéntrico puede favorecer adaptaciones estructurales y cambios en la arquitectura muscular, lo que potencialmente mejora la fuerza y contribuye a reducir el riesgo de lesión.

Entrenamiento de resistencia e intervalos de alta intensidad

El entrenamiento aeróbico puede mejorar la función mitocondrial y la eficiencia metabólica, lo que podría retrasar la acumulación de metabolitos y aumentar la resistencia a la fatiga periférica. Sin embargo, la fatiga periférica por sí sola no explica necesariamente las reducciones del rendimiento específico del deporte, sobre todo en deportes dinámicos basados en habilidades, donde la coordinación neuromuscular y los patrones motores específicos de la tarea desempeñan un papel importante.

El entrenamiento interválico de alta intensidad puede inducir una fatiga considerable, caracterizada por un aumento del lactato en sangre, altas demandas cardiovasculares y respuestas perceptivas variables. Si no se gestiona adecuadamente, esta modalidad de entrenamiento puede generar una fatiga excesiva en lugar de las adaptaciones fisiológicas deseadas.

Neuromodulación y estrategias psicológicas

La cafeína puede mejorar el rendimiento en el ejercicio, aunque las respuestas varían entre personas y pueden estar influenciadas por factores genéticos y por el consumo habitual. Sus efectos parecen implicar mecanismos a nivel central, incluidos el descenso del esfuerzo percibido y del dolor. Por eso, sus beneficios podrían ser especialmente relevantes cuando el rendimiento está limitado por la fatiga central o perceptiva.

Las estrategias psicológicas, como el diálogo interno, la atención plena (mindfulness) y la imagen motora, también han demostrado un potencial beneficio para el rendimiento. Sus efectos podrían ser especialmente relevantes en tareas basadas en la precisión o que requieren una alta demanda cognitiva, en comparación con actividades puramente de motricidad gruesa. Las intervenciones de mindfulness pueden mejorar la atención sostenida y la regulación emocional, lo que podría influir en la fatiga percibida durante actividades prolongadas. No obstante, la respuesta a estas estrategias es individual y puede depender de las características psicológicas y del contexto concreto en el que se aplican.

La estimulación transcraneal por corriente continua (tDCS) y la estimulación magnética transcraneal (TMS) pueden aportar beneficios pequeños a moderados para algunos aspectos del rendimiento en resistencia. Eso sí, los efectos siguen siendo heterogéneos y podrían depender de la técnica de estimulación, el tipo de ejercicio y el nivel de entrenamiento. Por lo tanto, estas estrategias deberían considerarse actualmente experimentales, con posibles mecanismos relacionados con la modulación de la fatiga central y la fatiga percibida. La tabla 4 ofrece más información sobre las modalidades de tDCS y TMS.

De: Xiao et al., J Electromyogr Kinesiol. (2026)

 

Estrategias de recuperación y gestión holística

Sueño e higiene del ritmo circadiano

El sueño adecuado es esencial para la recuperación. A nivel mecanístico, el sueño y las siestas apoyan la regulación neuroendocrina, el rendimiento cognitivo y motor, y la percepción del esfuerzo. La investigación también ha demostrado que las siestas durante el día pueden mejorar el rendimiento en sprints, saltos y resistencia intermitente, con evidencia que sugiere una relación dosis–respuesta entre la duración de la siesta y los resultados. Las siestas cortas de aproximadamente 20–30 minutos pueden mejorar la alerta y reducir la fatiga percibida, mientras que las siestas más largas de 60–90 minutos pueden aportar beneficios adicionales para el rendimiento cognitivo y la recuperación. Además, parece que las siestas son más eficaces cuando se programan a primera hora de la tarde, aproximadamente entre las 13:00 y las 16:00. Por tanto, las estrategias de siestas podrían ser especialmente relevantes en deportes que implican una fatiga central y perceptiva considerable.

Nutrición e hidratación

La nutrición desempeña un papel crucial para retrasar la fatiga y favorecer la recuperación. La disponibilidad adecuada de carbohidratos favorece la restauración del glucógeno, mientras que la ingesta de proteínas después del ejercicio contribuye a la síntesis de proteína muscular y a la recuperación. La suplementación con creatina puede aumentar la disponibilidad de fosfocreatina y quizá mejore la capacidad para tolerar esfuerzos repetidos de alta intensidad, reduciendo potencialmente las consecuencias funcionales de la fatiga periférica. La hidratación adecuada también es importante para mantener la función fisiológica, especialmente durante el ejercicio prolongado o de alta intensidad y en entornos calurosos.

Inmersión en agua fría

La inmersión en agua fría es una modalidad de recuperación ampliamente utilizada. Las pruebas sugieren que puede reducir el dolor muscular percibido, aunque sus efectos sobre la recuperación de la fuerza y la potencia siguen siendo inconsistentes. Estos resultados podrían indicar que parte del beneficio percibido se relaciona con efectos analgésicos y con una menor percepción del dolor, más que con la restauración de la función neuromuscular. Por tanto, aunque los atletas informen de una mayor sensación de estar listos después de la inmersión en agua fría, la carga de entrenamiento posterior no debería determinarse únicamente en función de la recuperación percibida. Esto refuerza la importancia de combinar indicadores subjetivos y objetivos al valorar la preparación, ya que la recuperación percibida no necesariamente refleja la restauración del rendimiento físico.

Dispositivos de compresión y neumáticos

Las prendas de compresión han demostrado efectos pequeños pero significativos en la recuperación de la fuerza y la potencia muscular tras el ejercicio fatigante, especialmente en los miembros inferiores. Aunque estos hallazgos sugieren un posible efecto beneficioso, la magnitud de la mejora parece ser limitada y no está claro cuáles son las características óptimas de la prenda. Los dispositivos de compresión neumática han demostrado efectos desde despreciables hasta pequeños sobre la función muscular después del ejercicio y reducciones desde despreciables hasta moderadas de la molestia muscular percibida. Algunas evidencias sugieren que los protocolos que implican aproximadamente 20 minutos de compresión a 80 mmHg podrían aportar efectos beneficiosos, aunque los parámetros óptimos siguen siendo inciertos. Ambas modalidades pueden actuar en parte a través de mecanismos circulatorios y conviene considerarlas estrategias complementarias de recuperación, en lugar de sustitutos del sueño adecuado, la nutrición y la gestión de la carga. Podrían ser especialmente útiles cuando los atletas se enfrentan a series sucesivas de competición con poco tiempo de recuperación.

Marco conceptual

La Figura 1 presenta el marco conceptual propuesto por los autores, que resume las ideas principales tratadas a lo largo de este artículo y muestra la relación entre los mecanismos de la fatiga, las estrategias de evaluación, la gestión de la carga y las intervenciones de recuperación.

De: Xiao et al., J Electromyogr Kinesiol. (2026)

 

Preguntas y reflexiones

La fatiga se puede entender en la relación entre la carga externa y la carga interna. Una carga externa concreta, definida como el trabajo físico objetivo realizado, provoca respuestas fisiológicas y perceptivas que constituyen la carga interna. La carga externa se puede cuantificar mediante la distancia al correr y en sprints, las aceleraciones o el número de saltos, mientras que la carga interna se puede monitorizar a través del RPE, la frecuencia cardiaca, la VFC (HRV) y otras medidas fisiológicas o perceptivas.

Una carga externa gestionada de forma adecuada induce una fatiga transitoria, seguida de recuperación y adaptación, aumentando progresivamente la capacidad del/de la atleta para tolerar las demandas impuestas. Por el contrario, cuando la carga supera la capacidad actual del/de la atleta o la recuperación es insuficiente, la respuesta interna ante una carga externa determinada puede volverse desproporcionadamente alta, lo que podría provocar fatiga persistente y una adaptación deficiente. Esta tolerancia alterada a la carga puede contribuir a un menor rendimiento y, junto con otros factores, modificar la susceptibilidad a lesiones.

La fatiga puede afectar a varias dimensiones del rendimiento atlético, incluido el estado psicológico, la función neuromuscular y las estrategias de movimiento específicas del deporte. Los cuestionarios de bienestar pueden aportar información contextual sobre el estrés, el sueño, el estado de ánimo y la recuperación percibida. Al mismo tiempo, mediciones como la mecánica de esprints, el CMJ, la MVIC y la tasa de desarrollo de la fuerza pueden detectar cambios en el rendimiento neuromuscular. Como estas dimensiones se han relacionado con el riesgo de lesión, las evaluaciones subjetivas y objetivas pueden ayudar a identificar cambios relevantes en el estado del atleta. Tal y como se presentó en la Parte 1, el análisis de tareas es especialmente relevante para interpretar las exigencias específicas del deporte y orientar la prevención de lesiones. Por ejemplo, en el fútbol se realizan carreras repetidas a alta velocidad, y tanto la exposición a esprints como la mecánica se asocian con lesiones en el miembro inferior. Un Research review previo de Physiotutors destacó asociaciones entre la mecánica de los esprints y la lesión de isquiotibiales. Dado que la fatiga puede alterar la coordinación y las estrategias de movimiento, el rendimiento y la mecánica del esprint deberían, por tanto, monitorizarse de forma longitudinal y interpretarse en función de los valores de referencia individuales.

En general, el seguimiento de la fatiga no debería tener como objetivo predecir una lesión a partir de un único marcador. En cambio, combinar la carga externa e interna con medidas de rendimiento, neuromusculares, psicológicas y de recuperación puede ayudar a los/las clínicos/as a determinar en qué medida el atleta está respondiendo a las exigencias del entrenamiento y a orientar la gestión de la carga posterior.

 

Háblame de lo que es un "nerd

Uno de los principales retos en el control de la fatiga es que a menudo medimos una señal fisiológica e inferimos directamente de ahí un mecanismo subyacente. sEMG es un buen ejemplo: los cambios en la amplitud, la frecuencia o el comportamiento de las unidades motoras muestran alteraciones en la actividad eléctrica muscular, pero no necesariamente explican su causa. Una reducción de la fuerza acompañada de cambios en la sEMG no indica automáticamente una capacidad contráctil muscular alterada. Las medidas mioeléctricas y las mecánicas aportan información complementaria, pero no son intercambiables.

Esta distinción es especialmente importante al aplicar sEMG en el deporte. La colocación de los electrodos, el procesamiento de la señal, la normalización, el cruce entre señales (cross-talk) y la selección de la tarea pueden influir en la señal registrada. Sin procedimientos de adquisición estandarizados y una formación metodológica adecuada, las salidas sofisticadas de sEMG pueden dar una falsa sensación de precisión. Por eso, antes de interpretar cualquier señal, deberíamos preguntarnos: ¿esta medida realmente captura el mecanismo que estamos intentando evaluar?

El mismo principio se aplica a las evaluaciones basadas en el rendimiento, como las pruebas de sprint. Una reducción del rendimiento en el sprint no debe interpretarse automáticamente como fatiga neuromuscular, ya que el rendimiento en el sprint también se ve influido por la motivación, la técnica, el calentamiento, las condiciones ambientales, el calzado, el tipo de superficie, la estrategia de aceleración y la familiaridad con la tarea. Por lo tanto, los procedimientos de prueba deben estandarizarse y los resultados deben interpretarse de forma longitudinal, en comparación con los valores de referencia individuales, en lugar de con umbrales universales. Los cambios en la mecánica del sprint pueden aportar información adicional, especialmente en deportes que implican carreras repetidas a alta velocidad, pero siempre deben considerarse en relación con las exigencias específicas de la tarea.

En última instancia, el valor clínico de una evaluación de la fatiga no depende solo de su fiabilidad, sino también de su validez de constructo, su validez ecológica y su utilidad clínica. Una prueba puede detectar de forma fiable un cambio en el rendimiento sin identificar su causa fisiológica. Por lo tanto, la evaluación más útil no tiene por qué ser la que aporta más detalle fisiológico, sino la que puede detectar de manera fiable cambios relevantes, refleja las exigencias del deporte de la persona atleta y puede interpretarse dentro del contexto más amplio de la carga de trabajo, la recuperación y otros indicadores de fatiga.

 

Mensajes para llevar a casa

  • Los mecanismos de la fatiga central y periférica interactúan y se ven influenciados por las demandas de la tarea, la carga de entrenamiento, la recuperación y los factores ambientales y psicológicos.
  • Ajusta la evaluación al atleta y a la tarea. Las medidas de laboratorio aportan información mecanística, pero tienen limitada aplicabilidad en el campo, mientras que el CMJ, el rendimiento en sprints, la MVIC, el RPE, el estado de bienestar y la VFC ofrecen medidas más prácticas e indirectas.
  • No te fíes de un solo marcador. Combinar medidas subjetivas, de rendimiento, neuromusculares, de carga de trabajo y de recuperación aporta una visión más completa de la respuesta del atleta.
  • Usa líneas de base y tendencias individuales. Los cambios en el rendimiento, el RPE, la HRV o el bienestar deben interpretarse teniendo en cuenta la variabilidad individual, en lugar de usar umbrales universales.
  • Piensa en qué mide realmente la medida. Los cambios en la sEMG o en el rendimiento indican una alteración, pero no necesariamente identifican la fatiga específica de la tarea ni la fatiga central y periférica. El análisis de la tarea puede ayudarte a seleccionar evaluaciones específicas del deporte.
  • Usa el seguimiento de la fatiga para guiar la carga y la recuperación. Una gestión adecuada de la carga, el sueño, la nutrición y estrategias de recuperación individualizadas deberían ser la base del control de la fatiga. El seguimiento debe apoyar la toma de decisiones clínicas, en lugar de pretender predecir lesiones.

 

Referencia

Xiao N, Wang M, Zhang G. Fatiga neuromuscular e interacciones entre el centro y la periferia en el rendimiento deportivo: conexión entre fisiología y aplicación. J Electromiografía y Kinesiología. 2026 Oct;90:103193. doi: 10.1016/j.jelekin.2026.103193. Publicación electrónica 29 Jul 2026. PMID: 42551098.